Open/Close Menu Asociación para la discapacidad en la abogacía madrileña

Marcos Lechet escribió un mensaje en Twitter en el que mencionaba a Salvador Illa y destacaba «la necesidad de mascarillas transparentes» para que las personas sordas puedan comunicarse.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha respondido en su perfil de Twitter a Marcos Lechet, un hombre sordo de 48 años que le mencionó en una publicación en esta red social en la que hablaba de «la necesidad de las mascarillas transparentes».

«Me llamo Marcos y soy sordo. Necesito leer los labios para comunicarme, como muchas personas sordas, niños,jóvenes y adultos», comenzaba su mensaje, que proseguía diciendo que le gustaría «llegar al ministro Salvador Illa para poder explicarle» con su «propia voz la necesidad de las mascarillas transparentes».

El portavoz del Ministerio de Sanidad ha respondido a este mensaje agradeciéndole haberle hecho llegar su «inquietud y la de otras personas con hipoacusia». «Hemos iniciado ya una revisión del mercado para comprobar qué tipo de mascarillas podrían cubrir esta necesidad«, ha afirmado Illa, al tiempo que ha asegurado que se pondrá en contacto con Lechet para darle una respuesta «lo más pronto posible».

Precisamente, ha sido un español, Álvaro González Romero-Domínguez, quien ha fabricado una mascarilla capaz de desinfectarse por sí misma, medir la calidad del aire y localizar focos de coronavirus. Además, su transparencia facilita la comunicación no verbal, muy necesaria para personas como Marcos Lechet.

Fuente original: La Sexta Noticias

Charla de Zoom impartida por Ángel Bravo del Valle, un abogado experto en discapacidad y vocal de ASODAM. Este curso está impartido dentro del ciclo «Escuela de familias», organizado por la Fundación AMAI-TLP.

En España hay más de un millón de personas que no oyen. De estas, el 98% siguen usando el lenguaje oral para comunicarse. Es por ello, que desde asodam queremos haceros llegar este artículo tan interesante publicado en el periódico El Español el día 15 de abril de 2020. Pulsa aquí para ver el artículo original.

Si ha salido a la calle en este mes que llevamos de estado de alarma habrá notado que las pocas personas que hay en la calle, por lo general, llevan media cara tapada por una mascarilla. No podemos saber si esas personas sonríen o están serias, si van bien afeitadas o si les falta —ojalá no— algún diente. Sin embargo, eso no supone un impedimento para hablar con nadie, guardando siempre la distancia de seguridad necesaria. Pero eso cambia radicalmente para las personas sordas que leen los labios para entender a su interlocutor.

En España hay más de un millón de personas sordas, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), es decir, más de un 2% de la población. De estas, un 98% sigue usando la lengua oral para comunicarse. En los tiempos de las mascarillas, los sordos postlocutivos (aquellos que dejaron de oír en edad adulta) cuentan con la dificultad de no poder entender lo que se masculla bajo esa tela protectora. Marisa Jiménez (57 años) es una de esas personas.

“Perdí el oído totalmente en el 2010. Llevaba ya 10 años perdiéndolo. Empecé un camino muy largo de adaptación, porque la sordera es una discapacidad invisible. Sobre todo si conservas la voz y no la tienes rota y deformada, la gente tiende a minimizar mucho el problema que tenemos. Puedes ir a cualquier lado, sí, pero dentro de una campana, siempre en un aislamiento absoluto”, explica esta vecina de Aranjuez (Madrid).

Marisa habla con la fluidez propia de una persona oyente. Su voz tiene el tono y los matices de alguien que se oye hablar. Sin embargo, desde los 48 años no oye nada y las preguntas de esta entrevista las tiene que leer en los labios del periodista. Una mascarilla haría imposible la comunicación.

Lo que preocupa ahora a las personas sordas no es la situación actual, es lo que venga después. “Conozco a profesores universitarios sordos que temen la vuelta a las clases cuando todo el mundo lleve mascarilla”, relata. Otro ejemplo que pone es el de su mejor amiga, que es abogada y sorda. “Tiene miedo de que con las mascarillas no puedan captar bien los casos que les lleguen después. Como eso, hay mil historias. Los que tienen menos experiencia leyendo los labios temen perder sus trabajos. Imagínate lo que supone perder el trabajo con 40 o 50 años y con una discapacidad que no se ve. Ahora mismo hay mucho miedo en la comunidad sorda a la mascarilla”.

10 años sin oír nada

Marisa nació en Madrid —”soy gata, gata”— y es la mayor de cinco hermanos. Su vida laboral empezó a los 14 años y su último empleo fue en el sector bancario. A los 38 años, sus oídos empezaron a fallar. “Yo pude quedarme sorda por ototoxicidad medicamentosa. Hay un porcentaje de la población, entre un 10 y un 15%, que somos susceptibles a ser dañados por los medicamentos, sobre todo con los antibióticos”.

La respuesta a la sordera de Marisa puede estar en su pasado, pero no lo sabe con certeza. “Yo he tenido muchas infecciones de garganta y de intestino desde niña. Hasta la adolescencia tuve una salud muy delicada y me dieron bastantes antibióticos. Normalmente el daño se produce mucho antes, pero hay otras personas que aguantamos. Yo las primeras manifestaciones de sordera las tuve a los 38 y, a los 48, fuera”.

Perder el oído conlleva muchos más problemas que simplemente dejar de oír. Piense por un momento en su día a día e imagine que tiene que hacerlo sin poder oír nada. “La sordera conlleva un grado enorme de ansiedad y soledad. Las depresiones después de desarrollarla son profundísimas y duran mucho tiempo, más de tres o cinco años es muy normal. Se necesita terapia y medicación. Echamos mucho de menos que alguien te diga algo y poder entenderlo a la primera”.

Es por eso que Marisa hace un llamamiento en nombre de las personas sordas para mostrar empatía hacia aquellos que no oyen, recordemos, más de un millón de personas en nuestro país. “Hay que concienciar del uso de las nuevas tecnologías. Por ejemplo, el capturador de voz de WhatsApp tiene dos opciones: con una, mandas notas de voz y con la otra, tú hablas y te transcribe lo que has dicho”.

Sin embargo, también advierte de un cambio a mejor en la sociedad. “Quiero decir, como dato positivo, que cuando yo me quedé sorda en 2010 era muchísimo peor el panorama a como está ahora. En 10 años ha cambiado una barbaridad. La gente oyente empieza a considerar a la sordera como una discapacidad seria. Ahora ya hay mucha gente que al saber que eres sordo se pone de frente y vocaliza bien al hablar. Incluso si te ven muy torpe, te lo escriben a mano”.

Tambores japoneses

—Yo a la gente en cuanto la conozco la pongo voces, porque el cerebro va a su aire.

—¿Cómo te suena mi voz?

—Tu voz se me hace un poco aflautada.

—¿Como la de Franco?

—¡No, no, por favor! No tanto (risas).

Marisa da la apariencia de ser una persona despreocupada y alegre. A los pocos minutos de conversación ya se le empiezan a escapar los primero tacos. Es muy expresiva y habla alto. También, de forma inconsciente, tiende a gesticular lo que dice con lengua de signos. La sabe usar, pero no la domina, según cuenta.

Esta conversación tiene lugar en la estación de Aranjuez que, como las de medio mundo, sus viajeros se pueden contar con las manos. Al pasar un autobús frente a esta conversación, guarda silencio para que sus palabras se escuchen en la grabadora que recoge todas sus declaraciones. “Los autobuses los siento, siento la vibración en el cuerpo”. Pese a su incapacidad, puede conducir, ya que los sordos tienen muy buena vista, según relata.

Lo que no puede hacer desde que perdió la audición es trabajar. “Conseguí la incapacidad total. Si tú trabajas de limpiadora no necesitas oír, pero yo estaba en una empresa que daba apoyo al departamento de Atención al Cliente del Banco de Santander. Todos los días cambiaban cosas: de los fondos de inversión, de los seguros, preguntas y respuestas… Entonces me costaba mucho poder seguirlo. Yo ahora soy pensionista, pero no jubilada”.

Tras quedarse sorda, pasó casi un año hasta que empezó el curso de logopedia que le enseñaría a leer los labios a la gente. Ese año sufrió una profunda depresión.

—¿Qué es lo que más echas de menos de oír?

—La música, sin duda. Yo era muy melómana. A mí el jazz, el rock sinfónico, el techno, la música clásica… una obertura de Grieg yo me la recreo en la cabeza y se me caen las lágrimas. La recuerdas, pero falta una dimensión. Lo único con lo que yo he tenido una experiencia casi, casi a oír música es con el taiko.

El taiko (significa literalmente “gran tambor” en japonés) es un instrumento de percusión de grandes dimensiones y originario de la música tradicional nipona. “A finales de 2018 me llevaron a ver un espectáculo de taiko en el Matadero y salí de ahí levitando”, relata. Desde ese momento, se puso en contacto con la actriz Mónica Vedia que, entre su holgado currículum artístico, también da clases de taiko. “Un tambor tiene muchas menos frecuencias que un instrumento melódico como una guitarra o un piano. Lo percibo como si me entrara en el cuerpo».

Pablo Valtueña, presidente de ASODAM, nos va a explicar como se tramita la venta de un inmueble cuando una persona incapacitada se ve envuelta en el procedimiento judicial.

Ruth una mujer con hipoacusia bilateral reivindica una educación a distancia más accesible para todos. Por ejemplo, instalado programas de subtitulado automático para que las personas con problemas auditivos puedan comprender y entender mejor la lección.

Vídeo proporcionado por Cristina socia de Asodam.

Como presidente de ASODAM, y cuando decido escribir este artículo, me planteo el hacerlo de forma reflexiva o de forma periodística y de investigación. Pues tras unos minutos, entiendo que básicamente más allá de las formas, mi propósito, es levantar conciencias y despertar a la sociedad en general y a los compañeros/as de profesión con discapacidad o sin ella, para dirigirlos motivadamente hacia un movimiento proactivo y reactivo que, en el momento de redactar este escrito, como diríamos los profesionales del derecho, no llego a adivinar aún.

El 43,6% de las personas con discapacidad entre 16 y 64 años de la Comunidad de Madrid (unas 80.000) participan en el mercado laboral, según las últimas cifras del INE, referentes a 2018. Se trata de la tasa de actividad más alta de todas las autonomías, después del gran crecimiento de 8,7 puntos producido desde 2014. Si extrapolamos el número aproximado de 175.000 personas con discapacidad respecto al total de la población de nuestra Comunidad del año 2019, 6.662.000 habitantes, nos daría un resultado de un 2,62% respecto de la población total. El número de colegiados/as proporcionado por el ICAM en su página web, es de 77.043 inscritos en el 2017, en las últimas elecciones para elegir Nuevo Decano, y más 1.440 letrados/as (información de Confilegal) en el Colegio de Abogados de Alcalá, aproximadamente. El resultado obtenido sería el 2,62% de 78.483 abogados/as ejercientes o no; es decir, que tendríamos algo así como unos 2.056 abogados/as con algún tipo de discapacidad, desde luego no deja de ser una aproximación sujeta a discusión, pero da buena cuenta de que hay un número importante de compañeros/as ejercientes o no que tienen una discapacidad en nuestra Comunidad.

El objetivo de nuestros Colegios de Abogados y Abogadas, entre muchos otros, es proteger la labor del abogado/a dentro de nuestra sociedad y el nuestro, el desarrollar e implementar otros objetivos afectos a la propia discapacidad dentro de nuestro proyecto asociativo; y por supuesto, convencer a esos miles de abogados/as con discapacidad para que se unan a nosotros, y por ende a aquellos compañeros/as que tengan un alto grado de sensibilidad respecto de la discapacidad en la abogacía y en general, o que sean especialistas en dicha materia.

En cuanto que somos como abogados/as como reflexión, un instrumento jurídico más de la cadena, nos diluimos profesionalmente y en la que las decisiones no descansan sobre nosotros, sino que hay otros intervinientes en el proceso con capacidad de decisión o “influencer” (Jueces, Fiscales, Funcionarios, etc.).

Pero eso sí, somos imprescindibles para la protección de los derechos de todos los ciudadanos a los que defendemos diariamente. Velamos por el cumplimiento de las normas Constitucionales elementales como el art. 14 de nuestra Carta Magna, donde se manifiesta que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, (aludiendo de forma genérica, como sabéis a la discapacidad).

Velamos diariamente por el cumplimiento de los mandatos del artículo 24 de nuestra Constitución que dice que:

“1. Todas las personas tienen derecho a obtener tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión.

  1. Asimismo, todos tienen derecho al Juez ordinario predeterminado por la ley, a la defensa y a la asistencia al letrado, a ser informados de la acusación formulada contra ellos, a un proceso público sin dilaciones indebidas y con todas las garantías, a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, a no declarar contra sí mismos, a no confesarse culpables y a la presunción de inocencia. La ley regulará los casos en que, por razón de parentesco o de secreto profesional, no se estará obligado a declarar sobre hechos presuntamente delictivos”.

Y en general, aplicamos al caso concreto toda la normativa vigente en beneficio de nuestros clientes que se acercan a nuestro despacho para resolver un asunto, en términos de aplicar lo que a su derecho conviene como demandantes o solicitantes, y en términos de defensa (…).

Y, como Presidente de la Asociación de Discapacidad en la Abogacía Madrileña (ASODAM), se me plantean otras cuestiones diferentes pero interrelacionadas con mis anteriores argumentaciones. ¿Se están permitiendo realizar de forma adecuada toda la misión o tareas de un abogado/a aquellos compañeros/as que tienen una discapacidad adquirida o sobrevenida? ¿Se les está permitiendo ser iguales que al resto de los compañeros/as abogados/as sin discapacidad? ¿Utilizan los mismos medios que el resto de los compañeros/as para defender los intereses de nuestros clientes? ¿Gozan de las mismas oportunidades para desempeñar esta profesión? ¿Cuántos licenciados en Derecho no acceden a nuestra profesión porque su discapacidad actúa como barrera de entrada? podríamos seguir haciéndonos preguntas y más preguntas, pero seguramente, algunas podríamos contestar positívamente, o por el contrario otras, negativamente.

Necesitaremos analizar y acotar para dar soluciones efectivas a nuestros asociados, y para disponer de más información, realizar una encuesta en la que debemos de involucrar a nuestros Colegios Profesionales como fuente principal de información, salvaguardando la LOPD vigente y la Directiva Europea de protección de datos, al objeto de recabar el número de abogados/as con alguna discapacidad, y poder realizar estudios de cuantificación aproximada a la realidad.

Desde este artículo también, pedimos colaboración al Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, y a su Sección de Discapacidad, e incluso a su Consejo Asesor para trabajar en la elaboración y confección de unas estadísticas que nos aproximen a la actualidad de la discapacidad en la Abogacía Madrileña, igualmente solicitamos la misma colaboración con nuestro Colegio de Alcalá en la misma dirección.

Entre otras reflexiones:                                                                                                           

Que existen trabas físicas y personales, estoy seguro de ello y que muchas de ellas se sufren personalmente y no tenemos un modo de transmitirlas a nuestro entorno profesional, también.

Que existe falta de accesibilidad, aunque cada vez la sociedad y en particular nuestro entorno profesional es más sensible, seguro que sí.

Por todo ello, y por mucho más, surge esta asociación y que se dirige a la abogacía en general, para despertar y activar conciencia; y por supuesto, a los compañeros/as que tienen discapacidad o no, para que tengan un foro abierto y de comunicación en el que puedan descargar sin desaire sus frustraciones diarias, semanales o mensuales; y en el que poder, realizar una actividad reivindicativa, comunicativa, de orientación, de persuasión, de aceptación, y de networking que redunde en beneficio de los partícipes del proyecto asociativo.

Sería viable establecer redes de personas especialistas con discapacidad y redes de personas especialistas en discapacidad pero sin ella, para realizar estudios de investigación sobre la discapacidad en la Abogacía Madrileña y su derivada; y con los datos científicos obtenidos establecer proyectos  de investigación que nos ayuden a superar o a abordar la inclusividad de nuestros compañeros/as.

Aprovechar la experiencia y la sabiduría de los compañeros/as que se jubilan y que puedan y quieran seguir sus actividades profesionales de forma poco intensa y relajada, a través de un voluntariado, pudiendo ser considerados como “apoyos” de los futuros abogados con distintos grados de discapacidad, haciendo cumplir la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Asimismo, acudir a las prácticas profesionales tanto desde las Universidades como en los inicios colegiales, a esos abogados/as que comienzan su profesión y que podrían perfectamente ser tutorizados por abogados/as con algún grado de discapacidad.

Nuestro proyecto, transmite a la sociedad en general, y a nuestros Colegios el término de “ABOGACÍA INCLUSIVA”: el objetivo primordial por el que trabajaremos juntos y por separado. La definición del término sería algo así y por supuesto sujeto a discusión siempre: “que los abogados/as con discapacidad tanto adquirida como sobrevenida desempeñen su actividad laboral en las mismas condiciones de igualdad y con las mismas oportunidades, que el resto de nuestros compañeros/as sin discapacidad”.

Y para que se logre dicho objetivo, todos los estamentos jurídicos deberán de trabajar, en la misma dirección, proporcionando todos los elementos, medios de apoyo, formación, comunicación para que el abogado/a con discapacidad física, sensorial, intelectual, mental o del desarrollo, no sea un abogado/a de “segunda” o ni siquiera lo sea, porque se le impida desde la Universidad ingresar en nuestra profesión jurídica de abogado/a.

Buscamos apoyos entre los miles de abogados/as con discapacidad o sin ella, que por desconocimiento de la existencia de este proyecto asociativo no se unen a nuestro/vuestro proyecto. Si contamos con vuestro apoyo podremos mejorar en la consecución de nuestros objetivos, y en medios materiales y humanos para poder realizar dichas acciones u objetivos. Al final, conseguir los propósitos de nuestros asociados/as se trasladará en mejorar el día a día de nuestros compañeros/as con discapacidad y facilitaremos la accesibilidad de personas con discapacidad física, visual, auditiva e intelectual, haciendo bueno la igualdad de todas las personas abogados/as, que nuestra Constitución proclama.

Pablo Valtueña Angulo

Pablo Valtueña Angulo

Presidente de la Asociación para la Discapacidad en la Abogacía Madrileña (ASODAM)

SESIÓN INFORMATIVA SOBRE DISCAPACIDAD, EN LA BIBLIOTECA LUIS ROSALES DE CARABANCHEL ALTO, un referente en accesibilidad y discapacidad.

Se trató el presente y el futuro sobre la discapacidad

  1. La Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad como marco referencial.
  2. Tipos de procedimientos: modificación de la capacidad; prórroga y rehabilitación de la patria potestad; tutela; curatela; defensor judicial; guarda de hecho.
  3. Responsabilidad Civil de las personas con capacidad modificada judicialmente.
  4. Otras instituciones no judiciales: autotutela, poderes preventivos, testamentos, renta vitalicia y contrato de alimentos, patrimonio protegido.
  5. La reforma integral de la Discapacidad en el Código Civil.

¿Quiénes participaron?

Ponentes:

D. Ángel Bravo Del Valle, abogado en ejercicio, ex coordinador del área de discapacidad y dependencia de la sección de Derechos Humanos del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, letrado colaborador de la Fundación Síndrome de Down, letrado del Servicio de Orientación Jurídica para Mayores de ICAM, ganador del I premio secciones 2018, en la categoría de Discapacidad otorgado por el ICAM, vocal de formación de Asodam y experto en discapacidad.

D. Carlos Fernández Pascual, abogado en ejercicio, letrado colaborador con la Fundación de Síndrome de Down, letrado asesor del Patronato de la Fundación Tutelar de Madrid (FUTUMAD), secretario de la Junta Directiva y de la Comisión Ejecutiva de AFANIAS (asociación pro personas con discapacidad intelectual) y experto en discapacidad.

Moderador:

D. Pablo Valtueña Angulo, abogado en ejercicio, presidente de ASODAM (Asociación para la Discapacidad en la Abogacía Madrileña), abogado colaborador del grupo AMAS.

Organizaron la sesión informativa, ASODAM y la BIBLIOTECA LUIS ROSALES.